Aquí viene, surgió del temor de sostener mi cuerpo engendro de tus recuerdos. Nunca pensé que asolar mis piernas tomaría tantas ganas, que llorar sangre era tan divino como truculento. Mártir de mi espejo, inquieto de tanto caer, que mis colegas de rezos se han muerto antes que cualquier otro sol. ¿Por qué nací sin fé? Si el fuego me quema por dentro y solo creo correr a dos manos que me estrangularán una vez ya muerto.
Lo siento vida, estás tan cerca de mí que no te veo, mi afán de querer lo inexistente han dado vueltas mi cabeza varias veces.
Te invito a correr, pero avanza no más, yo te alcanzaré cuando pare de reír y alcance sonreír a tus pies.
Lo siento si te ríes, solo me alegro de verte sonreír.
Vida mía.