miércoles, 10 de agosto de 2011

Recuerdo los recuerdos.

Recuerda creación mía, la palabra fúnebre del sentir. Recuerden recuerdos míos que el amor lo aislasteis en una sola palabra, y a ésta la hundes cada vez que te refieres a ella. No bastó con confiar, no bastó con ser buena persona; tejer abrigos de dulces con amor no recompensó más que un agradecimiento y ayudar a hundir en mierda las lechugas más amarillas de la ciudad no te hizo más fuerte para enfrentar las estacas de la indiferencia. Recuerda que creer no significa que exista, que amar no significa ser amado.

Recuerdo que por las cortinas del enojo conocí el orgullo y que por este me rasguño la espalda todas las noches. Cenizas en mi ventana, en mi mesa y en mi cama enceran mis ojos para no ver más allá, para no caer de nuevo. Ojos invisibles no olvidéis, no lloréis ni te enamoréis. Que esta cabeza baleada, crédula y aún sensible ha entendido que el amor es una lanza, que de rodillas ante el mundo, la gente pasa y la clava aún más en tu pecho. He entendido, he aprendido que es una lanza, un dolor asqueroso, pero por el cual vale la pena aguantar.



Más vale levantar el cuerpo y caminar sin sentido
que pensar siempre en el sin sentido.