No sabes que si la estaca del corazón sale, la sangre no coagula, no para, no se detiene hasta llegar a tus recuerdos arrastrándose con tanta indignidad. Oh que horror, nuevamente pensando en el no de todo el suelo. Desde que tu vida se ha aferrado más y más a los clavos malditos, los capullos no paran de caer.
Hasta dónde llegará la luz? si en el estiércol básicamente cae todos los días. Hoy hará calor, como todos los días de marzo, como todas las noches, como pensé que podría ser febrero para pensar que era otro año más. Que loco es el foco de este teatro, ríndete por favor, yo no soy al que buscas.
No sabes que vuelven más historias para compensar el positivismo del día, un cassette que se rebobina solo, un paraguas de huesos para su merced.
Tus manos ahora deben ser más grandes, creo que ahora me preocupo por mi rostro ¿qué quedará de mi y esos vuelcos equivocados? Maldición, que las palabras no son las adecuadas, que imposible se ha vuelto querer decir que decir no es la palabra. Llegar y besar el encierro no es más que fumar todo el día.
Segundo plano para las heridas, segundo plano para el ascensor que ruge. Para mí dame el proyector, capaz que si lo muerdo salga algo de acá que muere en mi cuello.
Oh, también me acordé de un regalo.
Debe estar roto.
