Hay tantas razones para estar, cariño
Qué las estrellas son finitas ante tanto lenguaje.
Tanta osadía, tanto fulgor; no hace justicia a las heridas que nos dibujamos. Qué a cincel nos grabamos nuestros nombres en alguna corteza, en algún tronco que sostuvo tanto corazón y tanta historia.
Hay tantas razones para no estar, cariño
Qué arenas movedizas son terreno más fértil para asentar un nido, con malezas y caricias.
Sólo que al olvido le gusta recordarnos que nuestras caras de enojo, guardan una luz clara de miedo, de miedo que la arena deje de moverse y angustia que las estrellas desaparezcan, que el lenguaje sea monosílabo, y que las razones sean consecuencia.
No hay maneras, amor mío
No hay distancias que apacigüe nuestro miedo
Ni calores que superen nuestra alegría.
No hay maneras de decirnos adiós
No hay maneras para tanto tiempo
Pero razones nos sobran
Nos sobran las estrellas
Esas que a veces nos bajamos
Para el recuerdo mejor olvidado.