Un día fingí derretir hielo con la mirada puesta en mis manos y clavar clavos en mi cabeza para dejar de pensar. El agua turbia que descansa en mis piernas y el ron que no para de actuar incluso ahora; no paran de pensar en tu atención. Y si mi intuición de hombre herido a bala, no habla en el momento adecuado, las heridas se podrían abrir más, pues tu gaza, tus abrasos y tu asquerosa imposibilidad, me podrían atraer más al fuego incesante y quemarme de estrés y ácidos lagrimales.
Somos los dulces monos del espacio exterior. Contamos con minas, escudos, pistolas y algunos cuantos corazones.. No, ya no van quedando corazones. En un tiempo pasado eran más resistentes que los escudos de oros. Pudimos salvar felicidades ajenas, unir algunas almas de las cuales no éramos partícipes. Solo que se nos olvidó la dualidad de la felicidad.
Solo somos monos, primates. Los primeros en ver nuestros pies pisando la tierra y cayendo en el agua.
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