Me esplende la ficción de nuestras conversaciones, pero pareciese que la distancia de nuestros cuerpos chocan en la altura de ciertos cimientos inciertos. Que brujería la mía de sentarme siempre a leerte, una sensación religiosa de amor, de rezarle al cosmos eléctrico.
Ojalá no me recuerdes, por que me remuerde, como morder mierda.
Solo sé y siempre sabré que estoy cayendo, y terminaré en el suelo con la frente partida a bala.
Pues solo hay algunas nubes de químicos que me atrapan y me dejan caer por el olvido.

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