Nunca supe si extraer una serpiente de mis dedos era lo suficientemente onírico para creer que lo haría en un día mitad lluvia mitad infierno. No muerdo, no acaricio, no siento lo humilde de humano que queda en el intrapiso. Dices que el infierno está abajo, que el cielo está arriba ¿que se dice de dónde estás tú? Y yo quería llegar a donde estás levantando cada baldosa de la vereda.
Ahora solo me rio sangrando la boca, tirado en el pasto que cuan vaca comías para sobrevivir.
miércoles, 10 de octubre de 2012
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