Tenía palabras para destriparte completa maniquí corazónida.
Te llevé a los baños más asquerosos para que los dejaras peor.
Oí lo que decías, aunque puta sonaba, puta lloraba. Parlar carea simbólico puesto.
Insanidad de reírse de lo insano, no quería apabullar tantos límites. Eran largos viernes, dos temporadas cada uno.
Éramos algo así como uña y mugre, cada dos temporadas.
No me importaba el trabajo, ni la sensación de óxido en la voz. Simplemente recogíamos ropa con olor a alcohol.
Éramos cascáreos, polluelos locos que a contra cabeza besaban el nido. Capaz que ahora no se acuerde de tanto viaje; ni siquiera de esa tortita que hoy me hace apagar las velas con el alma, que apareció contigo y más flujo corazón quería palpitar.
Corazónida, maniquí en carne, baila, que el descenso está más cerca.
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