No se quema los altares por despecho, no se irrumpe en fatídica interperie por desdén. Hoy se acarician las naves como el lomo de un perro. Se entorpecen los sahuezos a media luna equívoca a los desmadres del mar.
Sabía que sonreirías como el fin de unos damascos condenados a mermelada. Catequesis de la vida, mi riñón en sus bocas, comeremos amargas uvas en nuestra azotea emisferia nosotros.
domingo, 12 de enero de 2014
Asociación libre.
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