Los gigantes hastiados de mi espiral, me miraron con odio e ignoraron la prueba estupefacta que fue mi cara, mi cuerpo en un papel. Yo papel puesto ahí puntiagudo, con los ojos más grandes tratando de impresionar a un gigante, a los gigantes dormidos que se olvidaron de otras formas, otros métodos, mas tiraron viento hasta botarme. Nuevamente volví con un tridente a ver cómo otro de los míos, impresionaba masacrando su cabeza contra una mesa. Yo gigante.
No se responde con la boca llena, no se discute con los ojos abajo.
Los retratos no se hacen con lápiz pasta.
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