domingo, 5 de mayo de 2024

Ese ruido que pronuncia mi nombre

Me decían que escribo bien. Qué lo acalino de la saliva rebalsa el ácido de mis palabras. Pobre de aquellos que escucharon de aquello; qué empujaba cuan galán, que sollozaba cuan real.
No me es fácil escribir sin pensar en su sonido. No me es terrible verlo de frente, mas no entender su idioma se me hace insoportable. Qué refrán dirá para demostrar sobriedad. Aún lo espero.

Me grita a menudo que no sé dibujar y sí, no lo sé y me abstengo de conversar, porque ni así puedo delimitar el rigor de la voz. Voces que suenan al son de tus pasos, veloces, que se hunden en piedras raras.

Quisiera modularlo, escucharlo y sostenerlo. A veces quiero que se interese, pero mi interés aún no se lo gana ¿Te acuerdas tú del desinterés? Yo no, repito después del desentendido. Y me apena, sabes, me apena tanto escorial que bajó por nuestras bocas; porque aquello no fue voz, no. Fueron pájaros caídos del nido, palabras de cariño para uno mismo, porque el desinterés corazón, el desinterés es cal y canto para el alma.

No te expliqué lo que te quise decir. No te lo expliqué y me fuí. Para no escuchar, para no entender. Para decirte que no escuché, que no te oí y que aquí nada pasó. Pero cariño, si mis ojos humedecen cuando te digo esto, es porque sí, aquí ha pasado de todo.

A pesar de que el ruido no me conteste, aunque el ruido no escriba, aquí estoy escuchándolo todo, tratando de leer una historia diferente y derritiendo un lápiz sobre mis dedos.

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