Me enseñaron que para leer las cartas tenía que no cruzar las piernas, que mi corazón se levanta y mi voz habla a la vez. Que muerte más dulce, que empatía la nuestra, y el horror del futuro. Se fueron al piso todas las aves que murmuraban el cielo nublado y el rayo detonador de mi frustración, de quemar las naves, de odiar el empeño mío. Como sinsentido siempre.
Estoy colapsando sin haber entrado nunca. Quedé ahí. Máscaras.
Estoy sinsentido.
Sin sentir.
Sin querer.
Sin odiar.
Feliz.
0 Declaraciones.:
Publicar un comentario