domingo, 16 de mayo de 2010

Me acuerdo de nunca más.

Recopilé una sesión de recuerdos oscuros que alguna vez me hicieron llorar, sentir. Que el pasado se come como pan cada día. Y el frío me renombra la voz del altercado, que dio vueltas mi corazón, como le gusta al estómago digerir mis presas. Lo natural se envuelve en plástico me dijo un sentido moderno, que se podría creer el cuento cada día más. Empezar a sentir sus versos de odio, de indiferencia y de eterno olvido a mi rostro.
Suplementos de inciertos venían al nacer, que rabia me da. Poetas malditos me gustaría invocar, y estremecer el fuego, la combustión innata que me regaló el plástico. Lenguas anchas, bocas grandes de sonrisas ciertas y de sueños imposibles, mas quedo yo que quiero cumplir su sueño. Volver a tocar el cielo como muchos dicen; yo solo quiero sentir la tierra en mis pies, el viento en mis manos y mi crueldad muerta por su ingenua desesperación.
Pobre escritor muerto de frío, que la iluminación es tan de plástico como su visión.

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