viernes, 9 de diciembre de 2011

Briel.

Ni un tercio, ni una moneda quedaron en el metal que cubre este sueño. Recuerdas tantos cuerpos que poseímos, que me decías vamos, que trotemos que podríamos conquistar cualquier copa de árbol, pero yo no me atrevía ni a subir una rama, que se caían, que sonaban, que incluso podría cobrar movimiento y éstas matarnos de asfixia. Mira lo que encontré después de otro sueño frustrado: nada nuevo.

Temblará te decía y tu comenzabas a creerme; ahora tiemblas, ahora estás asfixiado por el árbol del cual te caíste, te he matado y nunca troté para desviarte de mi mismo. Perdóname, lo he vuelto a hacer, este es un mensaje claro, sin hojas que lo tapen, no hay que soplar, no hay que buscar, es obvio. Como ves sigo siendo el mismo, el mismo que cuando quiso trotar a tu lado, comprendió que debía quedarse atrás, cronometrando nuestras hazañas.


El viudo prefijo


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